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Una revolución en curso

Crónica Puebla por Crónica Puebla
3 agosto, 2022
en Opinión
Una revolución en curso
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Por: Dr. José Manuel Nieto Jalil/ Director del Departamento Regional de Ciencias en la Región Centro-Sur Tecnológico de Monterrey Campus Puebla

La palabra nanotecnología es usada extensivamente para definir a aquellas ciencias y técnicas dedicadas al estudio, diseño, creación, síntesis, control, manipulación y aplicación de materiales, aparatos y sistemas funcionales a una nano escala, es decir, a una millonésima parte de un milímetro y por tanto permiten trabajar y manipular de forma individual átomos y moléculas, sin embargo, la nanotecnología como ciencia y tecnología no es algo nuevo.

El físico y ganador del Premio Nobel en 1965, Richard Feynman, fue el prime­ro en hacer referencia a las posibilidades de la nanociencia y la nanotecnología en un discurso que dio en el Caltech (Insti­tuto Tecnológico de California), el 29 de diciembre de 1959, titulado “En el fondo hay espacio de sobra”. No obstante, el tér­mino nanotecnología no fue usado hasta 1974 por el ingeniero, y también ganador del Nobel, Norio Taniguchi.

En los últimos 20 años, la nanotecnolo­gía ha experimentado un espectacular au­ge cuando los dirigentes de países, institu­ciones y empresas han detectado sus enor­mes posibilidades para convertir conoci­mientos básicos (los que surgen de la nano­ciencia) en materiales, herramientas y pro­cesos novedosos (la nanotecnología) con los que mejorar los bienes y productos ac­tuales o proponer unos totalmente nuevos.

En la actualidad los países más avanza­dos tienen sus ojos puestos en estas enor­mes posibilidades, por lo que están rea­lizando grandes inversiones para poner en marcha nuevos laboratorios y formar científicos e ingenieros expertos en es­tas temáticas. Hoy podemos imaginar un mundo donde se pueden inyectar nano máquinas en el torrente sanguíneo, con la capacidad de fabricar medicamentos cuando es necesario, atacar a los tumo­res o liberar hormonas cuando se les da una señal. Parece una tecnología de cien­cia ficción, pero desde hace dos décadas los científicos trabajan en sus cimientos.

La nanotecnología, en la actualidad, se centra en cinco áreas fundamentalmen­te: minerales y agroindustria; dispositivos médicos y salud; energía y medio ambien­te; materiales y fabricación; finalmente en la electrónica, la información y las comu­nicaciones. Entre las principales ciencias de aplicación destacan la informática, la medicina, la biología y la construcción.

Actualmente hay cerca de tres mil pro­ductos generados con nanotecnología, la mayoría para usos industriales, aun­que las investigaciones más avanzadas se registran en el campo de la medicina y la biología.

Desde el punto de vista sanitario, las investigaciones se centran en cómo apli­car la nanotecnología a la medicina para mejorar la capacidad de prevenir, diag­nosticar, comprender y tratar las enfer­medades de esto se encarga la nanome­dicina, rama de la nanotecnología con aplicaciones directas en medicina, que está permitiendo el abordaje de las enfer­medades desde el interior del organismo, a un nivel celular o molecular.

Varias de las investigaciones de fronte­ras en esta área tratan de lograr nuevas aplicaciones aprovechando las interesan­tes propiedades del ADN, el material ge­nético de las células, por ejemplo, el artí­culo publicado en la revista Proceedings of the National Science (PNAS) por un equipo de científicos de las universidades de Vermont y Tufts (Estados Unidos), re­portan el empleo de células madre de em­briones de ranas para crear una forma de vida completamente nueva.

Se trata de unas pequeñas máquinas vi­vas de apenas unos milímetros de longitud que pueden moverse hacia un objetivo y cu­rarse a sí mismas, después de ser cortadas, y las han bautizado como xenobots por Xe­nopus laevis, la especie de anfibio africano de la que han obtenido el material genético.

Los robots creados podrían ser utiliza­dos para llevar medicamentos de forma inteligente por el interior del cuerpo de un paciente o en la eliminación de residuos tóxicos. Es importante destacar que es­tos nanorobots no son un robot tradicio­nal ni una especie conocida de animales. Es una nueva clase de artefacto: un orga­nismo vivo y programable, es decir, han creado máquinas completamente biológi­cas desde cero capaces de trabajar duran­te una semana y posteriormente morir sin contaminar por ser biodegradables.

Su diseño fue realizado por una super­computadora de la Universidad de Ver­mont. El algoritmo utilizado creó miles de diseños candidatos y conforme los pro­gramas se ejecutaban, impulsados por re­glas básicas sobre lo que pueden hacer las células cardíacas y de la piel de la ra­na, los organismos simulados más exito­sos se mantuvieron y refinaron, mientras que los diseños fallidos se descartaron.

Podemos imaginar muchas aplicacio­nes útiles de estos robots vivos que otras máquinas no pueden hacer, tales como buscar compuestos desagradables o con­taminación radiactiva, recolectar micro­plásticos en los océanos o viajar por las ar­terias para su reparación. Por otra parte, muchas tecnologías están hechas de ace­ro, hormigón o plástico. Eso las hace fuer­tes o flexibles. Pero también pueden crear problemas ecológicos y de salud humana, como la contaminación de plásticos en los océanos y la toxicidad de muchos mate­riales sintéticos y electrónicos. La desven­taja del tejido vivo creado por estos investi­gadores es que es débil y se degrada, cuan­do terminan su trabajo después de siete días, son sólo células muertas de la piel.

Esta tecnología pueda tener muchas aplicaciones interesantes en el futuro, centrándonos sólo en la medicina se po­drían usar los nanobots para construir auténticas factorías de compuestos quí­micos, liberar medicamentos sólo cuan­do hay una señal concreta en el torren­te sanguíneo o ayudar a reciclar ciertas moléculas dentro de las células, proceso que tendrá utilidad en varias enfermeda­des, por lo que podemos anticipar que los humanos evitarían mejor las lesiones, las enfermedades y el deterioro propio del en­vejecimiento con el consiguiente aumen­to de la calidad y esperanza de vida.

Es importante destacar que estas me­joras podrían ocasionar enormes proble­mas sociales ya que, si nuestra esperanza de vida crece, los sistemas sanitarios no podrán soportar los niveles asistencia­les de una población tan envejecida. Por otro lado, dicho aumento de la esperanza de vida puede tener devastadoras conse­cuencias ecológicas debido a la creciente necesidad de agua potable, alimentos, y recursos energéticos. Otro problema pue­de ponerse de manifiesto cuando estas nuevas tecnologías sólo sean accesibles a los habitantes de los países más ricos, in­crementando más las desigualdades entre los pobres y ricos de este planeta.

Los avances científicos están plagados de variados escenarios apocalípticos. Ca­da desarrollo tecnológico que se logra trae consigo una teoría o idea que plantea cómo podría ocasionar el fin del mundo, una de ella se centra en la previsión del físico Eric Drexler al hacer referencia a la plaga gris, escenario apocalíptico que la nanotecnolo­gía podría generar, es por ello que algunos científicos han alertado del riesgo que su­pondría que en el futuro estas nanomáqui­nas comenzarán a replicarse por sí solas y se convirtieran en una plaga incontrolable que finalmente destruya a la humanidad.

El desastre es propuesto como resul­tado de una mutación accidental en una nanomáquina que se autorreplica, usa­da con otros propósitos o posiblemente de un arma de destrucción hecha deli­beradamente. Detrás de los beneficios de las tecnologías pueden esconderse cier­tos riesgos que hay que conocer y valorar para anticipar sus efectos y, actuando con cautela, evitar o minimizar su impacto.

 

Etiquetas: cienciastécnicasUniversidad de Ver­mont

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