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Consulta pública, otra vez el pan y circo…

Felipe Flores por Felipe Flores
24 junio, 2021
en Soliloquio
Consulta pública, otra vez el pan y circo…
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Superada la parte sustancial de los co­micios, que con sus altas y bajas con­centraron toda la atención nacio­nal, la mira está enfocada ahora en el 2024.

Mucha agua pasará entonces bajo el puente, pero el gobierno de la 4T sabe que desde ahora tendrá que construir los cimien­tos necesarios para mantenerse vigente y darle continuidad a su proyecto transforma­dor de la Nación, que hasta ahora no pasa de meros enunciados teóricos.

Ese propósito, que de modo medular tran­sita necesariamente por el Congreso, ya co­menzó a esbozarse con el anuncio de una agenda legislativa que de arranque preten­de cambios sustanciales en tres temas que son torales.

Y lo hace con premura porque el horno no está para bollos, pero también porque desde ahora su carrera va contrarreloj. Cada día cuenta en los años sucesivos y no hay que perder el tiempo, aunque sabe que en su ru­ta hay varios diques por vencer, así sea mini­mizándolos o generando distractores.

Y es que el imaginario colectivo percibe hoy momentos de debilidad para la 4T en di­versas vertientes, una de ellas, los recientes resultados electorales que no le fueron del to­do favorables, aun con los inobjetables logros que alcanzó. El mensaje emitido a través del voto le ha causado preocupación.

La primera versión del dictamen del ac­cidente en la Línea 12 del Metro, que co­rrobora fallas en la construcción y posibles actos de corrupción de los gobiernos de iz­quierda, es otro factor adverso que preten­de ser disipado.

A ello habría que sumarle los infortunios de la pandemia, que se magnifican por una vacunación pausada en extremo mientras en bodegas se resguardan inexplicablemen­te millones de dosis, y el amago de una terce­ra ola de contagios que se insinúa en algunos casos con el retorno al semáforo amarillo y el recule en la vuelta a clases presenciales.

Otro malestar social que no ha podido ser amortiguado obedece a la falta de medica­mentos oncológicos, tema que socialmente sensibiliza de manera creciente y que se re­crudece aun más por la promesa reiterada­mente incumplida de que pronto el abasto se resolverá.

En este asunto, aunque afecta a distin­tos sectores como al de mujeres con cáncer de mama, el caso de los niños con cáncer es patético.

Persiste además una crisis económica que aunque respira sigue en agonía y que dificul­ta la muy importante recuperación de em­pleos, lo que genera una inevitable inconfor­midad, mientras que los índices de la infla­ción ahogan a la economía familiar y sigue aumentando la cifra de mexicanos en pobre­za para llegar a casi el 54% de la población.

La inseguridad no es un tema menor. Ade­más de los delitos del orden común que son cada vez más frecuentes, la violencia cada vez más brutal en el norte del país revela una complacencia inusitada contra las grandes organizaciones delictivas. Cada vez está más vigente el axioma presidencial de “abrazos, no balazos” que no a todos complace.

Ante tantos frentes, la estrategia es ex­poner otros temas que atraigan la atención, cortinas de humo que sean capaces de nu­blar la realidad.

Uno de ellos lo será, sin duda, la Consulta Popular convocada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, a celebrarse el próxi­mo 1 de agosto y que organizará el INE pese a que le fue negada la posibilidad de una am­pliación presupuestal.

¿Qué sentido tiene la consulta pública? Ninguno, que no sea agitar las aguas y vol­ver a confrontar a la sociedad.

Se trata de facto de un intento de enjuiciar a los expresidentes, léase Carlos Salinas, Er­nesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

La consulta se centra en una sola pregun­ta, cuyo texto fue matizado por la Suprema Corte de la Nación, que habría que contestar­se con un lacónico “si” o “no”.

Se cuestionará a los ciudadanos si están de acuerdo en que “se lleven a cabo acciones con apego legal para esclarecer las decisiones políticas tomadas en el pasado por los actores políticos y garantizar la justicia y derechos de las posibles víctimas”.

La propuesta original cuestionaba direc­tamente si se quería que el gobierno persi­guiera judicialmente a los presidentes de go­biernos pasados.

Este mismo martes López Obrador pidió a los ciudadanos votar en lo que dijo, es la primera consulta en la historia del país para juzgar a los expresidentes del ‘periodo neo­liberal’.

Advirtió que no participará ni votará por que se enjuicie a los presidentes, “pero tam­poco quiero pasar a la historia como tapade­ra, como alcahuete; ahí está que todos den a conocer su punto de vista, libremente”, se­ñaló.

En su argumentación para aprobar la consulta a finales del año pasado, la legisla­dora de Morena Rocío Barrera había sosteni­do que servirá “para que el gobierno reciba de manera directa la voluntad popular, ade­más que con ello se le dará voz y capacidad de decisión al pueblo como máxima autoridad”.

¿Hace falta una consulta popular para so­meter a juicio a un expresidente?

¿No basta con aplicar la ley, esto es, de­nunciar y presentar las pruebas, si las hay?

¿Es necesario someter a consulta una obligación de investigar por parte de las au­toridades competentes?

Con la sola insinuación de que es necesa­rio “esclarecer decisiones políticas tomadas en el pasado” y de la posibilidad de que exis­tan “posibles víctimas”, ¿por qué no activar sin demora todo el aparato de procuración y administración de justicia?

¿No se estarían violentando las garantías individuales y los derechos humanos de los presuntos inculpados?

¿Sirve de algo asirse del pasado cuando el difícil presente nos exige soluciones prontas?

Nada de eso importa, lo relevante es in­vocar al show, ocupar los espacios para pro­vocar estridencias y de ese malabar obtener ventajas.

Es evidente que nadie desea que se come­tan actos de corrupción y que todos estamos a favor de combatir la impunidad, pero qué pasará en caso de que más del 40 por cien­to acuda a votar y una mayoría se manifies­te a favor, ¿se abrirán juicios penales contra los expresidentes; hay suficientes elementos para llevarlos a prisión?

¿Se justifica el costo para la organización de la consulta, que será de casi 900 millo­nes de pesos?

¿Soportaremos los 337 mil 606 impac­tos de promocionales que se difundirán de manera incesante durante dos semanas en todas las estaciones de radio y televisión del país?

En suma, si la intención es enjuiciar a los expresidentes que abusaron del poder, ¿por qué no ir contra ellos legalmente sin tan­to ruido?

En esa marabunta de inquietudes y de du­das emanan ahora otras acciones de artifi­cio, en las que sobresalen las propuestas pa­ra modificar la Constitución apenas incur­sione la próxima legislatura federal en tres ámbitos: el energético, el de seguridad y el electoral, aun sabiendo que el partido en el poder no dispone de la mayoría calificada pa­ra concretarlo.

Aun así, la 4T adelanta que podría con­certar los acuerdos legislativos necesarios con el PRI para alcanzar los dos tercios de votos que necesita, presunción que habría que poner en duda.

Ante ese temor, AMLO asume que no ha­bría ningún problema si los legisladores del PRI se aponen a brindar su apoyo, e inclu­so calificó de hipócritas a sus adversarios que conformaron la alianza partidista opo­sitora en la pasada elección, porque se unie­ron por encima de sus profundas diferencias ideológicas.

El caso es que hay tres propuestas legisla­tivas en la mesa y cada una, a la par del es­cándalo, persigue objetivos concretos.

Bombas de alto calibre, suficientes para entretener a las audiencias y abrir debates estériles; carroña en abundancia para los de­predadores en redes sociales.

De ello hablaremos en la entrega próxima.

Etiquetas: AMLOconsulta públicaexpresidentes

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