Al paso de los años, tengo la fortuna de haber participado en varias lides electorales, ya sea en rol de mero observador, de periodista, como consultor al lado de candidatos e inclusive al frente del área de comunicación de un partido político y hasta de un órgano electoral.
De cada una de esas vivencias he aprendido lo suficiente como para concluir que un proceso electoral es una guerra y que para ganarla, entre otras cosas, se requiere de un mando experto, de un ejército animoso y leal y por supuesto, de una estrategia inteligente.
En el tratado militar El arte de la guerra, escrito hace más de 2 mil años por el filósofo Sun Tzu, se describen de alguna manera esas premisas. De la sapiencia acumulada, dice que “Cuando conoces el Cielo y la Tierra, la victoria es inagotable”.
De los ejércitos, cita que “Los guerreros victoriosos vencen primero y después van a la guerra”, y así también, que “Si no seleccionas bien a tus soldados, te has preparado para la derrota”. Y de la táctica, refiere que “El arte de la guerra, al igual que el agua, no tiene forma constante”…y que “La acción y la no acción, son cuestiones de estrategia”.
Supongo que en esas reflexiones andarán ahora los partidos políticos en Puebla, ya en la víspera del inicio de lo que será, sin duda, “la elección más importante de la historia” y que marcará, para bien o para mal, el futuro político inmediato de Puebla.
¿Qué hay de los altos mandos por ahora? En el caso de Morena, que representa al gobierno actual tanto a nivel federal como estatal, además de tener una mayoría absoluta en el Congreso, tanto la dirigencia nacional como estatal están por ahora acéfalas, pero pese a las circunstancias actuales por la contingencia, deberán resolver antes de que concluya el mes entrante.
El acuerdo es que la elección interna será un proceso integral que se iniciaría mediante asambleas y culminará con encuestas para definir las respectivas dirigencias.
Más allá de esos enredos, en el caso de Puebla el timón lo lleva desde hace tiempo Eric Cotoñeto, líder morenista indiscutible y el principal operador político del gobernador Miguel Barbosa, quien en su oportunidad habría dicho a este medio que para la elección del 2021 retendrán al menos las 50 presidencias municipales en las que hoy gobiernan y que van por las 26 diputaciones que estarán en disputa.
En el caso de la segunda fuerza política en la entidad que tiene ahora el Partido Acción Nacional, la dirigente estatal Genoveva Huerta Villegas parece no tener el perfil exigido para la enorme misión de recuperar el terreno perdido. Contestataria por inercia a las acciones de gobierno, suele exponerse sin la argumentación exigida, lo que hace ver al PAN como una oposición endeble, si bien se sabe que atrás de ella hay personajes de mucho mayor envergadura, como Francisco Fraile, que en su momento seguramente coadyuvarán para la mejor toma de decisiones.
El caso del PRI es muy desconcertante. Apenas el fin de semana dio el albazo con un nombramiento de su dirigencia a todas luces impositivo a favor de un joven de endeble currícula que podría tener futuro, pero que no inspira el tamaño de los retos por venir en el afán de reposicionamiento que sus huestes parecen tener.
Habría que verlo mediando y negociando en el jaloneo con auténticos lobos de mar que hay en el seno del partido y lógicamente, vislumbran en esta elección una oportunidad coyuntural para su propio interés. ¿Qué hay de los ejércitos? Los de Morena son los más incentivados; los del PAN en verdad creen que ganarán las plazas importantes; en el PRI hace falta mucho más que buenas voluntades.
Y en cuanto a estrategias, que ya están en los hornos, por ahora es más importante ver primero afuera. “Conoce la situación de tu oponente”, y por su supuesto, “Mantén en secreto tus formaciones y planes”, asentaría Sun Tzu.
Y aunque por ahora todo parece incierto, no es difícil pronosticar que la elección del 2021 arrojará sorpresas, como bien lo insinuaron en días recientes los prestigiados demoscopistas Elías Aguilar, Rodolfo Rivera y Manuel Martínez, quienes auguran algunos ajustes en el mapa electoral poblano. Destaco de sus análisis la coincidencia de que la ausencia de Andrés Manuel López Obrador en las boletas electorales y el desgaste de su gobierno al enfrentar las crisis sanitara, económica y de seguridad, incidirán en contra de Morena, aunque este partido se mantendrá fuerte, con mayoría relativa en el congreso y un buen número de Alcaldías.
El golpe más severo, de concretarse, sería perder el ayuntamiento de la Capital, lo cual parece ya inevitable. La volatilidad del voto, esta vez retomando su valor como “voto de castigo”, favorecería especialmente al PAN, que se mantendría como segunda fuerza pero con mayor presencia, sobre todo en municipios importantes y también en el congreso.
Y el PRI, aún con sus debilidades, también se vería beneficiado, ahora con alcaldías de mayor relieve, Sierra Norte y la Mixteca, y un poco más de legisladores en el congreso, aunque también habría que ponderar qué tanto le pesará los casos de corrupción que ahora están gravitando, léase Lozoya-Duarte y, si fuera el caso, el local de Lydia Cacho-Mario Marín.
A todo ello, debe considerarse la opinión de los expertos en cuanto a la sugerencia a los partidos de “ponerse del lado de los electores” con un discurso creíble, una narrativa actualizada y propuestas viables. Esto es apenas el principio. Mucha agua pasará bajo el puente todavía.