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A dos años de la muerte de Pablo Larios Iwasaki

Antonio Zamora por Antonio Zamora
31 enero, 2021
en Deportes
A dos años de la muerte de Pablo Larios Iwasaki
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El que fuera uno de los mejores porteros en la historia del Puebla de La Franja y que dejó legado en el futbol mexicano, Pablo Larios Iwasaki, cumple este domingo su segundo aniversario luctuoso, y uno de sus hijos, Carlos Larios Garza, lo recuerda como un hombre cabal, íntegro en la cancha, pero a quien un retiro anticipado lo orilló a tomar las peores decisiones de su vida.

El 31 de enero de 2019 no sólo en la Angelópolis, en todo el país, hubo conmoción luego de que se confirmó la noticia: Larios Iwasaki había perdido la vida tras pasar un día internado debido a una oclusión intestinal.

 

YA NO NOS PUDIMOS DESPEDIR DE ÉL

Horas antes, Larios Garza fue informado que el exarquero había sido ingresado al Hospital General del Norte, de la capital poblana, y que su pronóstico era poco alentador, por lo que de inmediato viajó de Reynosa, Tamaulipas –su lugar actual de residencia–, no sin antes comunicarse con el excapitán camotero Roberto Ruiz Esparza para pedirle que fuera el encargado de difundir la noticia.

“El día que yo me enteré que estaba hospitalizado me acuerdo que me hablaron por teléfono y me dijeron que estaba grave, que me necesitaba ir para Puebla. Yo me di cuenta que en verdad era algo grave porque él era alguien muy fuerte, y si estaba hospitalizado era porque le estaba pasando algo grave”.

“Lo primero que hice fue mandarle un mensaje a Roberto Ruiz Esparza, que es muy amigo de la familia, y le avisé que mi papá estaba muy grave, le pedí de favor que les avisara a sus amistades, porque ellos tienen un grupo de WhatsApp, ya después él lo hizo público, a través de su Twitter y así fue que todo el mundo se enteró”, indicó en entrevista con Crónica Puebla.

Sin embargo, Cali ya no pudo ver a su padre con vida, pues a pesar de que se movió hacia Puebla, el delicado estado de Pablo no permitió que recibiera visitas, algo que lo dejó en shock y que a la fecha lo sigue dejando con un nudo en la garganta. “El shock para nosotros fue que no nos pudimos despedir de él, porque desde que lo internaron hasta que murió no lo pudimos ver, y cada que recuerdo eso se me hace un nudo en la garganta”, comentó.

NOS DIMOS CUENTA DE SU MAGNITUD CUANDO SE FUE

Mundialista en 1986 y el cancerbero de la época dorada del Puebla, en la que se consagró como campeonísimo, la grandeza de Pablo Larios provocó que el día de su deceso le llegaran a su familia una infinidad de mensajes de condolencias por parte de personajes históricos del deporte, algo que los sorprendió y que a su vez les ayudó a darse cuenta de la magnitud de su padre.

“Pasó algo muy irónico, porque uno, como hijo, a veces pierde la imagen que tenía como futbolista, nosotros crecimos conscientes de lo que él era, pero muchas veces te das cuenta de su magnitud cuando se van porque cuando falleció recibimos llamadas de personas que no sabíamos que tenían relación con él, gente como Tomás Boy, Javier Aguirre, otros que nos mandaron mensajes de condolencias, personajes que tuvieron algún pasaje de vida con él y que lo estimaban a pesar de que era un hombre reservado en cuestiones personales, pero lo recordaban con mucho afecto porque fue un hombre íntegro dentro de su profesión”, dijo.

“ME ADOPTÓ Y ESO HABLA DE SU GRAN CORAZÓN”

Carlos González fue el nombre con el que Pablo Larios lo integró a su familia, como parte del matrimonio que tuvo con su madre, decidiendo adoptarlo y darle su apellido, a pesar de no tener parentesco sanguíneo, algo que sigue recordando con cariño y que lo llevó a tenerle el amor de un hijo a un padre.

“Personalmente lo recuerdo como un gran hombre y lo digo con toda la extensión de la palabra, porque él para empezar me adoptó, porque él tiene seis hijos naturales, pero dentro del matrimonio de mi madre con él, cuando yo tenía dos años de vida, me adoptó y me dio su apellido, entonces eso habla de un hombre noble, honesto y de gran corazón. Él fue mi amigo, fue mi padre, mi confidente y muchas veces fue mi verdugo, porque me daba consejos que me dolían, aunque nunca tuvo un comentario malintencionado, fue un hombre muy cabal”, señaló.

Por ende, desde entonces llama hermanos a los otros hijos que Larios Iwasaki tuvo a lo largo de su vida, con quienes mantiene una relación estrecha digna de presumir, gracias a la educación que él les dio. “Él me educó para decirles hermanos a sus hijos, son mis hermanos, y hasta la fecha tenemos una relación ejemplar, no es por presumir, pero él dejó ese gran legado, que nos viéramos bien, con gran cariño”, recordó.

SUS GRANDES DEFECTOS FUERON DESPUÉS DE SU RETIRO

Si bien el arquero de la selva se supo ganar un lugar en la memoria de los aficionados futboleros en el país por sus espectaculares lances y su agilidad para salir a cortar balones, también fue conocido por sus problemas fuera de la cancha, sobre todo con las adicciones.

El nacido en Zacatepec en 1960 aceptó públicamente, tiempo antes de morir, que tuvo problemas con el consumo de drogas, algo que –a palabras de su hijo– comenzó a hacer una vez que dejó las canchas de futbol, hecho que justamente no supo manejar y lo orilló a cometer errores en su vida.

“Sus grandes defectos los tuvo ya cuando se retiró del futbol, eso lo quiero dejar bien en claro, que yo puedo jurar por su memoria y por mi propio nombre lo puedo decir que durante su etapa de futbolista fue una persona íntegra, desafortunadamente al futbolista no se le enseña qué hay después de su retiro y creo que a él le afectó demasiado terminar su carrera, porque todavía le quedaba un par de años para jugar, estaba pleno en lo físico y en lo mental, porque si te fijas la carrera de los porteros se prolonga, como el Conejo (Pérez), que se retiró ya grande, pero a él lo retiraron a los 38”, apuntó.

Larios dejó el futbol en 1998 luego que terminó su contrato con Toros Neza, si bien tuvo una oferta para ir a jugar con Monterrey, no se concretó por lo que llegó a su fin su carrera, que inició en 1981 con Zacatepec y que tuvo su punto más alto de 1989 a 1994, vistiendo la playera del Puebla de La Franja.

 

EN PUEBLA TUVO LA MEJOR EXPERIENCIA DE SU VIDA

Desde que se integró a su familia, Carlos vivió con Pablo la etapa en Cruz Azul, de 1984 a 1989, lapso en el que su nivel llegó a ser tan bueno que se ganó el puesto como portero titular con la Selección Mexicana, para el Mundial que se hizo en el país en 1985, además de hacerse acreedor a reconocimientos individuales, aunque se quedó con las ganas de ganar un título.

Fue parte de la Máquina que perdió tres finales en tres años, la de Liga ante Chivas en 1987, la de Copa ante Puebla en 1988 y una más de Liga en 1989 contra América. Fue esta última la que le costó su lugar en el club y fue enviado casi regalado a La Franja, donde –señaló su hijo– vivió la mejor experiencia de su vida, pues fue ahí en donde logró los anhelados títulos. “A mí me tocó estar con él en toda su etapa con Cruz Azul y me tocó cuando lo vendieron en paquete al Puebla, junto a Edgardo Fuentes y Arturo Álvarez porque les achacaron la derro ta en la final contra América en 1989 y llegaron prácticamen­te regalados al Puebla. Eso fue muy duro para él, porque pasó de ser ganador del Citlali un año antes a ser corrido por perder la final contra el América. El Pue­bla se convirtió en la mejor expe­riencia de su vida, porque consi­guió todo lo que no pudo en Cruz Azul”, comentó.

En Puebla, Cali pudo ser tes­tigo de los mayores éxitos de su padre, aunque el momento que más recuerda fue la final de Co­pa en 1990, que los camoteros le ganaron a Tigres en un par­tido en el estadio Cuauhtémoc, en donde estuvo presente y gra­bó en su retina el festejo del pri­mer campeonato de su carrera.

“Tengo muy presente la final de Copa contra Tigres, porque la de Liga contra la UdeG, el es­tadio estuvo a reventar y no me dejaron ir, pero en ese partido se me quedó grabada la imagen que después del gol de cabeza de Marcelino (Bernal), mi papá cru­zó toda la cancha corriendo pa­ra ir a abrazarlo, porque para él era la emoción de su primer tí­tulo durante ocho años de ca­rrera, había pasado de perder fi­nal contra Chivas, la final con­tra Puebla y la final contra Amé­rica, aunque ese era sólo el títu­lo de Copa fue muy importan­te para él”.

“De la final contra UdeG la re­cuerdo bien, pero no la viví en el estadio, no viví la emoción de la gente, lo vi en mi casa, por­que estaba muy chavo, pero sí recuerdo lo posterior al partido, que fuimos a cenar con todo el equipo y los festejos de los días después”.

“También tengo presente la final contra León (1992), fui al partido de ida que fue aquí en Puebla, bajé a la cancha, ya es­taba un poquito más grande, más consciente de la situación, aunque ya no pude ir al juego en León”, recordó.

EN PUEBLA TUVO UNA UNIÓN QUE EN NINGÚN OTRO EQUIPO

Esa estadía de cinco años en la Angelópolis fue de las que más disfrutó, no sólo Larios Iwasa­ki, sino toda su familia, pues pu­do ser parte de la unión que te­nía el plantel que dirigía Manuel Lapuente, y que le ayudó a vivir la época dorada del club.

“Mi etapa en Puebla fue en mi niñez, recuerdo perfectamen­te que yo iba dos o tres veces por semana a los entrenamientos, continuamente iba a los partidos que se jugaban en Puebla, con­servo muchas fotos de esa eta­pa, conocí a todos los jugadores de esa época, el Capi (Ruiz Espar­za), que es una gran persona; el Búfalo (Poblete), que es un tipa­zo; también Sergio Almaguer, Chícharo (Hernández, el papá), (Jorge El Mortero) Aravena… fue un equipo que se armó para ser campeón, porque recuerdo que había una unión muy bonita, se juntaban todos para los cum­pleaños, cosa que no vivió mi pa­pá ni en Cruz Azul, ni después en Toros Neza”, precisó.

LA FUNDACIÓN PABLO LARIOS IWASAKI TAMBIÉN CUMPLIRÁ DOS AÑOS

Del lamentable fallecimiento del gran arquero, unos meses des­pués nació la Fundación Pablo Larios Iwasaki, con la que su fa­milia trata de ayudar en Zaca­tepec a jóvenes con adicciones.

Ya con una escuela funcio­nando y otra con obra deteni­da por la pandemia, son varios los adolescentes que se han vis­to beneficiados ya que además de ayudarlos con las adicciones, también los impulsan a practi­car deporte, esto con tal de de­volverle algo a un lugar que le dio todo a la familia Larios.

“La fundación Pablo Larios Iwasaki la creamos tres meses después de su muerte, porque nos dimos cuenta de la grande­za de su nombre, y todo lo que se hace es sin fines de lucro, todo con donaciones que nos hacen. Está dedicada para niños y jóve­nes que están en adicciones y los apoya para salir adelante.

“Desafortunadamente la se­gunda escuela se quedó en espe­ra por la pandemia, pero ya te­nemos cuatro generaciones en la primera, que la entrena mi tío Francisco Larios Iwasaki y mi hermana es la directora. Esto lo hacemos para devolverle un po­co a Zacatepec de lo que le dio a mi papá, él salió de la Liga Cañe­ra y nosotros quisiéramos que ahorita saliera un nuevo Pablo Larios o un Harapos Morales”, di­jo Carlos Larios.

HABRÁ MISAS VIRTUALES EN DIFERENTES CIUDADES

La pandemia evitará que se le haga un homenaje multitudina­rio correspondiente a su gran­deza, pero de forma virtual, ca­da uno de sus hijos le organizará una misa este domingo desde su ciudad de residencia, como Car­los, quien lo hará en Reynosa, en lo que es para él un aniversario complicado.

“Se cumplen dos años de su pérdida y la verdad es que sí ha sido un poquito complicado, por­que como toda pérdida es irrepa­rable. Se van hacer misas en di­ferentes lugares, yo vivo en Ta­maulipas, mi hermana vive en Puebla y mis otros dos herma­nos están en Morelos. Por lo de la pandemia será difícil que pueda asistir gente, pero se le va a ha­cer el homenaje, el año pasado le hicimos una en la que pudimos estar casi todos, pero para este año va a ser ahora cada quien desde donde vive”, comentó.

Se cumplen dos años de la partida de Pablo Larios Iwasaki, el insuperable portero que, ade­más de los títulos con La Fran­ja, tiene la marca de más minu­tos sin recibir gol en el club, con 499, la cual instauró en la tem­porada 1991-1992.

Etiquetas: Pablo Larios IwasakiPuebla de La FranjaRoberto Ruíz Esparza

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