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Adiós al hombre récord, una institución en Puebla

Antonio Zamora por Antonio Zamora
8 agosto, 2021
en Deportes
Adiós al hombre récord, una institución en Puebla
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Tras su muerte, don Alejandro Trujillo pa­só de ser figura del fut­bol poblano a conver­tirse en una leyenda, porque la herencia que dejó es imborrable; su recorrido, sus en­señanzas y, sobre todo, su récord de dominadas de balón perdura­rá por siempre.

De niño soñó con ser juga­dor profesional hasta que la tu­berculosis lo atacó y le arrebató la posibilidad, pero no el amor por la pelota, por eso la tomó co­mo guía y a base de dominadas construyó un legado que preva­lece en Puebla.

Su habilidad para no dejar caer la esférica durante varias horas lo volvió una atracción, lugar que pisaba, lugar que se llenaba, por eso recorrió el mun­do, por eso se rozó con las más grandes estrellas del mundo, en pocas palabras, se convirtió en el deportista poblano más distin­guido de la historia.

SU ABUELITA LO REGAÑABA POR ROMPER SUS ZAPATOS

Fue en la década de los 40 cuan­do comenzó su amor por el fut­bol, pues siendo un niño ocupa­ba casi todo su día en estar pa­teando el balón, por lo que sus zapatos se gastaban muy rápi­do, algo que le provocaba los re­gaños de su abuelita.

“Tu papá trabajando para com­prarte los zapatos y ve cómo los tie­nes, así me decía mi abuelita y me daba remordimiento y a ve­ces me ponía de portero”, llegó a platicar don Alejandro en una entrevista.

Él lo tenía claro, su más gran­de sueño era convertirse en un jugador profesional y por eso co­menzó a relacionarse desde una corta edad con el deporte, empe­zando por ser mascota de algu­nos de los primeros extranjeros que llegaron a México.

Conforme fue creciendo co­menzó a buscar dónde jugar y se enroló con equipos amateu­rs, ya que para ese entonces el Puebla FC todavía no existía. Era bueno en la cancha, tenían pin­ta de que podía trascender, pero llegó la enfermedad que le cam­bió la vida.

LA TUBERCULOSIS CORTÓ SU CARRERA

Un día se comenzó a sentir mal, mucha tos, fiebre y un dolor in­tenso en el pecho, fue al médico y le diagnosticaron tuberculosis, por lo que le prohibieron seguir jugando futbol y parecía que el sueño se había terminado.

La tristeza lo invadía, ya no podía jugar, pero no se quería se­parar de su balón, ese compañe­ro que tuvo toda su vida. El per­fume del pasto de la cancha de futbol lo hizo acercarse al mítico Isidro Lángara, que al inicio de la década de los cincuenta llegó al Puebla que por entonces esta­ba en Segunda División.

Le pidió permiso para ayudar­lo en los entrenamientos y el es­pañol accedió, por lo que ya era parte del club, chutándole a los porteros para que practicaran sus atajadas, esto aprovechando su gran técnica de golpeo.

“Si no hubiera sido por la tu­berculosis hubiera llegado lejos en el futbol”, se sinceró Trujillo en una de sus charlas. Y tenía ra­zón, porque él aprendió a jugar viendo a foráneos que estuvieron en la Angelópolis dando cátedra, uno de ellos, el argentino Ricar­do Alarcón, a quien además le aprendió las dominadas.

ESTUVO EN EL PUEBLA, AMÉRICA Y CHIVAS

Ya sin la posibilidad de jugar, pe­ro con la obsesión de ir dominan­do el balón a todos lados, don Ale­jandro tomó el puesto de prepa­rador físico del Puebla, que toda­vía seguía en Segunda, para lue­go dar el salto a América y Chi­vas, en donde conoció a Salvador Reyes, considerado el mejor ju­gador en la historia del Rebaño.

“Era un deleite, para mí es el mejor jugador mexicano que he visto”, eran las palabras que te­nía para Chava que fue parte fun­damental de la época dorada del club Guadalajara a mitad del si­glo pasado.

SESENTA AÑOS DE TRUJILLO SOCCER

Pero si el futbol se le había ne­gado, quería enseñar a los más jóvenes para que cumplieran el sueño que él no pudo, por lo que empezando la década de los se­senta abrió la escuela de funda­mentos básicos del futbol en Pue­bla a la que llamó Trujillo Soccer.

“Aprender para enseñar” era el lema con el que levantó la que ya es una institución dentro de la ciudad, que ha sobrevivido a la evolución del deporte y a la misma sobreoferta que hay, pues sus hijos han sabido mantener­

la a flote respetando el prestigio que se ha ganado durante estos sesenta años de existencia.

Cerca de la calzada Zavaleta está la sede de la escuela matriz, aunque ya tiene varios espacios donde siguen enseñando a los más pequeños, además de que tienen su propia Liga donde ge­neraciones de poblanos han ju­gado en algún momento.

ESTUVO EN OCHO MUNDIALES

Ya con la escuela en actividades, Trujillo rápidamente se convirtió en un fenómeno no solo a nivel local, sino que tomó tintes na­cionales e internacionales por su habilidad con el balón, por lo que para el Mundial de Chile en 1962 fue invitado para presentar su espectáculo durante los entre­tiempos de algunos partidos.

Ese fue sólo el despegue del poblano, porque a partir de ahí se dedicó a acumular eventos, kilómetros recorridos y estrellas conocidas, alcanzando a asistir a ocho mundiales, siendo uno de los más recordados los de México 1970 y 1986, en los que estuvo en la inauguración.

EL RÉCORD

Para don Alejandro, el dominar el balón fue su forma de engan­charse para siempre al futbol, pero también lo volvió su deses­tres, porque cuando fijaba su mi­rada a la pelota para evitar que cayera al piso, se olvidaba de to­do lo que ocurría a su alrededor.

Y así podía estar el tiempo que quisiera, lo que le permitió quedar inmortalizado en el libro de Récord Guinness en el que re­gistró la marca de trece horas haciendo dominadas, alcanzan­do un auge mundial.

Después su récord fue roto por sus hijos Rafael, Alejandro, Antonio y Willy, que alcanzaron las 23 horas, además de que im­pusieron nuevos manejando el balón en pareja y luego en gru­po, y luego cambiaron dominan­do un balín.

SE GANÓ EL RESPETO DE PELÉ, BECKENBAUER Y MARADONA

Para entender la repercusión que alcanzó, basta con señalar que dio clínicas de futbol en di­ferentes partes del mundo junto a Pelé, mientras que el alemán Franz Beckenbauer supo de sus proezas ganándose su respeto.

“Una vez coincidí en Estados Unidos con Pelé y Beckenbauer y al decirles que era mexicano su primera respuesta fue: Alejan­dro Trujillo”, relató el comuni­cador Eduardo Mendoza en al­guno de sus espacios.

La otra estrella que conoció los malabares del poblano fue Diego Armando Maradona, con quien compartió pantalla en el programa Siempre en Domingo en 1986 y al verlo dijo: “Si fue­ra fácil, eso cualquiera lo haría”.

COLECCIÓN DE 1,300 PLAYERAS

Como no podría ser de otra for­ma, convirtió su casa en un ver­dadero museo del futbol, pues ahí tenía cientos de balones y una asombrosa colección de mil 300 playeras, de las cuales dos eran sus preferidas.

La de Brasil y la de Santos, ambas con el dorsal diez, eran las más preciados para él, por­que fueron un regalo personal de Pelé, para quien tenía una des­cripción muy peculiar: “Fue el mejor jugador de la historia, na­die ha tenido su técnica, ni aho­ra Messi ni Cristiano van a poder ser como él”.

Alejandro Trujillo era un ma­go con el balón, a veces parecía que lo tenía unido a su cuerpo con un hilo invisible, pero en realidad era la misma pelota que quería estar cerca de él, porque ambos se querían, uno no podía vivir sin el otro: “El futbol es mi vida y la pelota mi compañera” repetía cada que podía.

Etiquetas: alejandro trujilloclub puebla

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