Garganta Profunda
Arturo Luna Silva
[email protected] / Twitter: @ALunaSilva
Gabriel García Hernández, un poblano, aunque le da cierta vergüenza admitir que nació en Tehuitzingo, en la Región Mixteca, aparece como el oscuro operador de la presunta red de corrupción de las aportaciones que Andrés Manuel López Obrador recibió, desde 2006, para financiar su movimiento. Así lo denuncia el libro El Rey del Cash, de Elena Chávez, que ya está a la venta en físico en algunas librerías y cuya versión PDF ya se comenzó a distribuir por aplicaciones de mensajería.
De entrada, hay que decirlo con claridad: el texto no se trata del gran descubrimiento.
No aporta pruebas.
Es lo que se concluye de botepronto, con los avances.
La mayor revelación, sin más sustento que los dichos de la autora, que fue pareja del hoy subsecretario de Gobernación, César Yáñez, es que desde los programas asistencialistas de la Ciudad de México, ya con el gobierno de Marcelo Ebrard, se financió a López Obrador.
Eso sí sería un gravísimo delito.
Supuestamente se inscribieron masivamente a personas a las que luego no se les entregaron los apoyos.
Ese dinero, en lugar de llegar a los beneficiarios, terminó en la casa de operaciones de Andrés Manuel, en la Colonia Roma, para moverse en efectivo para los gastos de él, su familia y su movimiento.
De ahí lo de “El Rey del Cash”.
En esa trama específica, el supuesto operador es el también llamado Monje Negro de AMLO, el poblano García Hernández.
Este personaje que, modestamente comenzó como encargado de sistemas (de las computadoras) en las oficinas del Partido de la Revolución Democrática (PRD), se convirtió con los años en un operador de confianza para el hoy presidente.
Hasta la elección intermedia de 2021, fue el encargado a nivel nacional de los programas de Bienestar.
Miles de millones de pesos se movieron por sus manos.
Millones de beneficiarios se definieron en su escritorio.
De él se han dicho muchas cosas.
Se le menciona en transacciones de enorme sospecha.
Pero hasta ahí ha quedado.
La verosimilitud de la denuncia del libro es total.
Pero la verosimilitud no se convierte en verdad, hasta que se prueba.
Y eso no lo consigue el libro.
Gabriel García Hernández, tras el fracaso en las urnas de 2021 –pues también fue operador electoral a través de los programas clientelares– y tras el enojo del presidente, regresó a su escaño plurinominal en el Senado de la República.
Y desde ahí, su desempeño ha sido gris.
Muy lejos de las expectativas.
Quiso ser el presidente de la Mesa Directiva y fracasó ante su paisano Alejandro Armenta.
Del libro, no hay mucho más que decir.
Muchas obviedades, con todo y que el prólogo es de la periodista Anabel Hernández, la más conocida por sus reportajes sobre el crimen organizado.
Explica lo que es de todos sabido en la clase política.
A todos los lopezobradoristas, desde los tiempos del PRD, se les pedían diezmos de sus sueldos.
Desde el burócrata menor, hasta los funcionarios y representantes populares.
Todo llegaba en cash.
Y las maletas y los maletines circulaban con singular alegría, igual que las ligas.
Todos lo sabíamos.
Al menos era una suposición muy obvia.
¿O de qué creen que vivió López Obrador tantos años?
De trabajar, no.
De sus ideales, tampoco.
…
21 años de la columna “Garganta Profunda”.
Gracias totales a todos sus lectores.