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Dos sobrevivientes poblanos en NYork

Crónica Puebla por Crónica Puebla
11 septiembre, 2021
en Metrópolis
Dos sobrevivientes poblanos en NYork
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Por: Mariana Flores

Jorge Martínez Membreno y Miguel Ángel Peña Isa­ma estuvieron a pocas ca­lles uno de otro. No se co nocieron. Ambos fueron tes­tigos del peor atentado terrorista en la historia de Estados Unidos: la caída de las Torres Gemelas.

Miguel Ángel Peña narró pa­ra Crónica Puebla su experiencia cuando apenas tenía 21 años de edad y pocos días de haber llega­do a Estados Unidos.

Oriundo de la comunidad de San Juan Raboso, en Izúcar de Matamoros, en 2001 consiguió los recursos para migrar a Esta­dos Unidos, con la idea de que­darse allá el resto de su vida.

Tras su exitoso cruce indocu­mentado de frontera, se instaló en casa de un tío que radicaba en Nueva Jersey y comenzó la bús­queda del trabajo. Había lugar para él en la construcción, pero optó por ofrecer sus servicios co­mo plomero.

Aquel 11 de septiembre acu­dió a la cita en Thompson Streert y Broome. Debía llegar a las 9:00, pero se anticipó para no errar la llegada. Tomó el metro. Al salir del subterráneo vio las dos in­mensas torres del World Trade Center; maravillado con la ima­gen, pensó que al terminar el tra­bajo iría a tomar una fotografía.

Como llegó temprano para la cita, se sentó a esperar en el lo­bby del Sixty SoHo, hotel don­de haría un trabajo de plomería.

Un estruendo abrumador y un temblor lo lanzaron a la calle con incertidumbre y temor. Afue­ra sólo se vehía humo en el cie­lo. Un avión chocó la torre norte.

“Me resulta increíble recordar cómo fue. Solo salí corriendo por­que todo como que se cimbró. Los carros se pararon y todos comen­zaron a huir. La gente del hotel salió y comenzó a correr. Yo me quedé paralizado, no me moví”.

Se rumoraba que se trata­ba de una bomba, cuando otro gran estruendo ensordeció a to­dos: un segundo avión se estrelló contra la torre de enfrente.

“Entonces no imaginaba na­da, ni pensaba nada, como que todo mi cuerpo se puso chinito”. Miguel Ángel caminó hacia la inmensa nube negra de humo.

“Es imposible describir el so­nido de un edificio cayendo, de la gente gritando. El sonido de la muerte”. El hombre corrió contra corriente, aun sin explicarse por qué, pero se dirigió hacia el desas­tre. Dos cuadras antes se detuvo y desde ahí pudo ver como vola­ban papeles y lo que no podría ex­plicar como otra cosa que “gente lanzándose desde el edificio”.

La memoria de ese día está in­tacta pero sin ganas de lucidez, aseguró Miguel Ángel.

“No sé cómo explicar lo que vi. Era tan fuerte que solo pude llevar las manos a la cara. Cuan­do me di cuenta, ya iba corrien­do otra vez al metro, a la casa de mi tío, iba temblando y no me di cuenta que a unos metros había caído una persona de las que se lanzaron. Se escuchó algo que no sé cómo se explica y volteé y vi ahí a la mujer”.

Regresó. Su tío veía las noti­cias. “Yo me largo de aquí, nos van a matar a todos”, alcanzó a decirle. Miguel Ángel entró en pánico y de inmediato metió a su mochila la poca ropa con que ha­bía llegado y el Nokia que acaba­ba de comprar y con el que hizo una llamada a su madre para de­cirle que se regresaría a México.

Su estancia en Nueva Jersey apenas duró tres semanas.

Pasados casi 20 años de aque­lla experiencia, Miguel Ángel de­cidió en julio regresar a Estados Unidos y retomar el sueño de ha­cer dinero para prosperar.

“Yo creí que nunca iba a re­gresar. Me quedaron grabadas esas imágenes y creí que nunca más podría volver a donde esta­ba el World Trade Center. Pero aquí estoy, con la bendición de Dios y con ganas de chambear porque todos los que vimos eso valoramos más la vida”.

Arlette es hija de Jorge Martí­nez Membreno, un poblano que falleció en marzo de este año por la COVID-19 y cuyos restos fue­ron repatriados a su natal San Pedro Cholula, aunque por 32 años vivió como indocumenta­do en Estados Unidos.

La joven recuerda con clari­dad el día de los ataques terro­ristas. Jorge era taxista.

“Yo tenía 9 años y mi papá me acababa de llevar a la escuela aquí en Passaic; teníamos ya cua­tro años viviendo aquí y mi papá se fue a trabajar”, comentó via te­lefónica con Crónica Puebla.

La poblana dijo que su padre calificó ese día como una “expe­riencia aterradora”. El hombre hacía un desplazamiento desde Central Park; había pasado la zo­na de las torres cuando escuchó lo que fue el impacto del primer avión.

“Mi papá decía que toda la gente empezó a correr para ale­jarse del lugar, y él llevaba a una señora ya mayor. Mi papá es un héroe, de esos que no salieron en las noticias, no se hizo famo­so, pero subió a todos los que pu­do al taxi”.

Cinco cupieron en el auto, más la primera mujer que abor­dó. Los primeros buscaban des­esperadamente cómo huir del es­cenario caótico.

Una vez que llevó a todos a sus destinos, enfiló para su vi­vienda. En día normal, habría hecho 40 minutos; esa vez le to­mó más de dos horas.

Jorge solía decir que las imá­genes de ese día quedarían gra­badas por siempre en el incons­ciente colectivo de quienes con su mirada pudieron observar la muerte de cientos de personas.

“Mi papá murió hace unos meses. No se fue en el 2001 por­que Dios así lo quiso, pero se lo llevó la pandemia. Yo siempre he creído que fue un sobrevivien­te, porque él decía que acababa de pasar por ahí minutos antes”.

De acuerdo con diversas orga­nizaciones, Nueva York es uno de los estados que más concentra a poblanos migrantes y se sabe que la cifra se acerca al millón.

Las Torres Gemelas eran, has­ta entonces, los edificios más al­tos del mundo y constaban de 110 pisos que albergaban ofi­cinas empresariales y departa­mentos comerciales.

El 11 de septiembre del 2001, dos aviones Boeing 767 secues­trados por terroristas embistie­ron las torres en un ataque de Al Qaeda; otros dos aviones fueron tomados, uno impactó al Pen­tágono y otro cayó en picada en Pensilvania, ante la resistencia de los pasajeros héroes.

Etiquetas: 11 de septiembreMigrantesPuebla

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