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10 de mayo de 1933

Crónica Puebla por Crónica Puebla
17 mayo, 2021
en Opinión
10 de mayo de 1933
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Notas para una defensa de emergencia

Silvino Vergara Nava / correo: [email protected] / web: parmenasradio.org

Las más refinadas construcciones jurídicas pueden ser, y de hecho son, compatibles con la barbarie cuando son aplicadas en la realidad
Eugenio Raúl Zaffaroni

Vemos muy lejano el 10 de mayo de 1933, no precisamente porque han pasado más de 80 años, sino por la importancia que el libro tiene en la cultura alemana; en ese día, una vez instalado el gobierno del Partido Nacionalsocialista en Alemania y organizados sus congresos juveniles, ocurrió la quema de libros de las bibliotecas y universidades; en este caso, obras elaboradas y escritas por judíos, bajo la consigna de que el uso de la lengua alemana por estas personas era un abuso al propio lenguaje. Quemazones que, con el tiempo, se  hicieron repetitivas. Recientemente se ha descubierto que muchas de esas obras que el partido Nazi pretendía quemar fueron salvadas por el Ejército Japonés y ahora se encuentran resguardadas en el país de oriente,  formando parte de su patrimonio cultural.

Posiblemente no dimensionamos la importancia que tiene el libro en la humanidad y, por ello, muchas veces no  comprendemos el alcance de ese suceso histórico, que desafortunadamente ha sido olvidado.

En octubre de 2001, después de los ataques a las Torres Gemelas en Nueva York, el entonces presidente de  Estados Unidos, George W. Bush, promulgó diversas leyes para evitar un ataque similar. Por ello, dentro de sus regulaciones, implementó la obligación para que cuando un extranjero visitara las bibliotecas de Estados Unidos de América, las administraciones de esos lugares deberían registrar qué libros consultó e informarlo a las autoridades policiales competentes. Esto, al igual que en el caso de la quema de libros del 10 de mayo de 1933 en Alemania, da a pesar sobre la importancia que tienen los libros para llegar a esos extremos de quemarlos, o bien, registrar a las personas extranjeras que los consultan.

Lo cierto es que ambas medidas, por muy extremas, indican que los libros representan algo importante, que puede transformar personas, comportamientos, mentes, pueblos. Por ello se les dio tanta importancia en momentos como el nazismo y los ataques terroristas de hace 20 años. El Congreso de Juristas del gobierno alemán, en abril de 1936, abrió con una conferencia sobre metodología de la investigación jurídica, donde se establecieron diversos lineamientos, entre ellos qué autores no consultar. Hay cosas en los libros por descubrir en ellos y es necesario promulgarlo en Latinoamérica, pero desafortunadamente las estadísticas señalan que somos de las regiones donde menos se lee libros, lo que en gran parte es respuesta a nuestro subdesarrollo, a la dependencia a los países del “primer mundo” en lo económico, ideas, teorías, investigaciones y cultura.

En gran parte, la precaria situación en que vivimos se debe a la ausencia de libros, congresos e investigaciones.

Queda muy claro que, muchas veces, los propios sistemas gubernamentales se dedican a desmotivar el consumo de libros con precios elevados, nulo apoyo a las editoriales pequeñas, con un monopolio en contadas cadenas de librerías que dominan la oferta, la falta de condiciones en las bibliotecas públicas –en especial en las provincias–, un inexistente o burocratizado apoyo a los escritores, sin incentivos para que los universitarios consulten libros, a tal grado que muchas veces terminan licenciaturas, maestrías e incluso doctorados sin haber leído un libro, pues la titulación ya no requiere investigación alguna.

La quema de libros y el registro de los consultores en las bibliotecas tienen una explicación.

Pese a todo, “los libros impresos se niegan a morir”.

Etiquetas: ciudadestadoMéxicoopinionpaisPuebla

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