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Cambios del campo magnético terrestre

Crónica Puebla por Crónica Puebla
18 agosto, 2022
en Opinión
Cambios del campo magnético terrestre
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Por: Dr. José Manuel Nieto Jalil/ Director del Departamento Regional de Ciencias en la Región Centro-Sur Tecnológico de Monterrey Campus Puebla

 

Hace unos 42 mil años, los polos magnéticos norte y sur intercambiaron sus posiciones: la Tierra experimentó lo que denominamos un cambio o inversión de polaridad magnética. Ello causó importantes cambios ambientales, eventos de extinción de especies y alteraciones a largo plazo en el comportamiento humano. No se trata de un fenómeno anormal del campo geomagnético, sino una característica que, aunque de origen no totalmente conocido, se ha observado ya en materiales geológicos de edad precámbrica y hasta la actualidad.

En el registro geológico de nuestro planeta existen numerosos casos de in­versión magnética, episodios periódicos en que los polos magnéticos emigran de sus posiciones habituales y terminan por intercambiarse. Si algo así sucediera en la actualidad, es muy posible que el even­to causara estragos en las redes de teleco­municaciones y los equipos electrónicos.

En el Sistema Solar existen otros pla­netas que poseen campo magnético al igual que la Tierra, entre ellos tenemos a Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, ade­más del Sol. La magnitud del campo mag­nético solar es prácticamente el doble del valor del campo magnético terrestre en la superficie de la Tierra.

El campo magnético terrestre consti­tuye un eficaz escudo frente al viento so­lar o flujo de partículas expulsadas por el Sol a gran velocidad que influye en los sis­temas de navegación y de comunicación y sirve como mecanismo de orientación para muchos seres vivos.

El campo magnético solar, en cambio, nos protege de partículas con energías to­davía mayores procedentes del exterior de nuestro Sistema Solar, de explosiones de supernovas o de agujeros negros de nues­tra galaxia o de otras galaxias. El campo magnético es una de las piezas que man­tiene apuntalada la atmósfera de los pla­netas: si desaparece o su intensidad baja, la radiación de las estrellas puede llegar a barrer esta capa de gas tan importan­te para el clima.

El primer intento por explicar el cam­po magnético terrestre se debe a Sir Wi­lliam Gilbert (1600), científico y médico de la corte de la reina Isabel I de Inglate­rra. Gilbert supuso que en el centro de la Tierra existe un imán gigantesco, que ori­gina el campo detectado por las brújulas. En el tratado “De Magnete, magneticis­que corporibus, et de magno magnete te­llure” Gilbert resume la historia del mag­netismo antiguo y presenta un sumario de experimentos y observaciones relacio­nados con imanes naturales.

Sin embargo, la pregunta que se siem­pre ha intrigado a los científicos es: ¿de dónde salió el campo magnético de la Tie­rra y porque otros planetas no lo poseen?

En el siglo XIX, H. Oersted encontró que las corrientes eléctricas generan campos magnéticos, mientras que M. Fa­raday descubrió que campos variables inducen corrientes eléctricas, en espiras conductoras (Inducción de Faraday). Con estos resultados, J. Larmor (1919) postu­la la existencia de un Dínamo Autoindu­cido en el núcleo exterior de la Tierra, que origina el campo magnético de la Tierra, sin embargo, hoy en día los científicos sa­ben que el campo magnético de la Tierra está impulsado por la solidificación del hierro líquido del núcleo de planeta.

El enfriamiento y la cristalización de éste agitan el hierro líquido circundan­te, creando potentes corrientes eléctri­cas que generan este campo magnético que se extiende hacia el espacio. El enfria­miento progresivo del interior del plane­ta provocó que el núcleo de la Tierra co­menzará a solidificarse formando un po­tente dinamo en el interior del planeta capaz de activar el campo magnético del que disfrutamos hoy y el desarrollo de la vida en la Tierra.

Los científicos han usado tradicional­mente minerales en rocas antiguas para determinar la orientación e intensidad del campo magnético en el tiempo. A medida que las rocas se forman y se enfrían, los electrones dentro de los granos individua­les pueden cambiar en la dirección por el campo magnético circundante. Una vez que la roca se enfría las orientaciones de los electrones se fijan en la piedra y su co­locación muestra tanto la dirección como la intensidad del campo magnético que el planeta tuvo. Gracias a eso, han conclui­do que el campo magnético era más po­tente de lo que se pensaba.

Muchos estudios demuestran que el campo magnético de la Tierra existió ha­ce al menos 4 mil 200 millones de años. Sin embargo, se cree que nuestro núcleo comenzó a solidificarse hace sólo mil mi­llones de años, lo que significa que el cam­po magnético debe haber sido creado por algún otro mecanismo antes. Precisar exactamente cuándo se formó el campo magnético podría ayudar a los científicos a descubrir qué lo generó en un principio.

En los últimos 20 millones de años el campo magnético de la Tierra se ha in­vertido en 100 ocasiones y en cada uno de estos momentos, la magnetosfera ne­cesitó un milenio para reajustarse. En los últimos 3 mil años el campo geomagnéti­co de la Tierra ha ido disminuyendo y en las últimas décadas esta tendencia se ace­lerado bruscamente desde 1840, obser­vándose indicios claros de que el campo magnético de la Tierra se está debilitando.

Por otro lado, las observaciones que se han estado realizando indican que se es­tá produciendo un movimiento acelera­do del polo magnético y que en la actua­lidad se desplaza a un ritmo de unos 50 kilómetros por año, es decir, cada día, el norte magnético se desplaza unos 125 m.

De seguir a este ritmo se prevé que en unos 50 años el polo norte alcance Sibe­ria y que se dirige hacia una próxima in­versión de sus polos. Si continúa cayendo a este ritmo, en menos de un milenio es­taremos en un periodo crítico.

Las consecuencias, en caso de ocurrir en los próximos años, podrían ser consi­deradas por muchos como terribles. Du­rante una inversión magnética las in­fraestructuras eléctricas del planeta y los sistemas de telecomunicación podrían ser más vulnerables a grandes tormentas so­lares como la acaecida en 1859, poten­cialmente provocando así importantes pérdidas económicas, en paralelo los ra­yos cósmicos comenzarían a bombardear y a envenenar con su radiación a cada persona sobre la faz de la Tierra.

Sin embargo, muy probablemente cuando ocurra una nueva inversión mag­nética dispondremos de los medios técni­cos, científicos y de protección del ser hu­mano necesarios para afrontar sus posi­bles efectos y, por tanto, no parece proba­ble que las consecuencias vayan a ser de­sastrosas.

En la actualidad no existe una teoría completa que permita comprender en de­talle el origen y comportamiento del cam­po magnético terrestre y, mucho menos, predecir su evolución futura.

En 1905, el famoso científico Albert Einstein consideraba que la comprensión del mecanismo que genera el campo mag­nético de la Tierra es uno de los desafíos no resueltos más importantes de la Física. Mientras tanto, los científicos seguirán in­vestigando el caprichoso comportamien­to del campo magnético terrestre. Sólo así se podrá desentrañar su origen, entender su evolución y así estar preparados para minimizar los efectos adversos que pueda provocar el debilitamiento de este escudo frente a la radiación que llega constante­mente a nuestro planeta.

El origen del campo magnético de la Tierra es y seguirá siendo un misterio, mientras las evidencias experimentales no permitan definir un modelo teórico único para explicarlo.

Etiquetas: campo magnéticoplaneta tierraSir Wi­lliam Gilbert

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