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El valor de educar y aprender presencialmente ante la pandemia

Crónica Puebla por Crónica Puebla
2 septiembre, 2021
en Opinión
Asistieron a aulas solo 3 de cada 10 estudiantes poblanos 

FOTO AGENCIA ENFOQUE

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Por: Hugo Arquímedes González Pacheco M. / [email protected]

Educar en tiempos de pandemia es un acto de valentía que requiere responsabilidad y valor ético, no es lo mismo trabajar conchudamente en un escritorio comisionado en la SEP, en el SNTE o la nefasta CNTE, que estar frente a grupo dando la vida al educar con valor a las niñas, niños, adolescentes y jóvenes de México.

La mortalidad por la COVID-19 entre maes­tros ya rebasó a la del personal de salud. De acuerdo con el Subsistema Epidemiológico y Estadístico de Defunciones de la Dirección General de Información en Salud, 5 mil 418 maestros, directores y auxiliares murieron por el virus SARS-CoV-2, mientras que la Se­cretaría de Salud reportó 4 mil 84 víctimas entre médicos, enfermeras y demás perso­nal sanitario. Para el investigador del CRIM de la UNAM, Héctor Hernández Bringas, es­te panorama obliga a tomar con mayor cau­tela el retorno a las actividades presenciales en las escuelas.

Cada vez que se mencionan las grandes inquietudes de la educación en nuestro tiem­po de la pandemia y el rezago de los apren­dizajes se olvidan de la corrupción, la intole­rancia, la violencia, el abuso de drogas; los investigadores educativos llegan a la misma conclusión: son acciones que deben afron­tarse desde la escuela con la participación comprometida de las y los maestros que de­jan su vida en las escuelas.

Pero también sabemos que en casi todos los países se habla de crisis educativa y reina el desconcierto entre los profesores, los pa­dres y los propios alumnos. Parece oportuno, pues, plantearnos algunas cuestiones esen­ciales: ¿qué es la educación integral y de ca­lidad?, ¿qué esperamos de ella?, ¿cuál es pa­pel docente en la formación para la ciudada­nía democrática?

En el regreso a la escuela se tiene que abordar otras cuestiones fundamentales: la tensión educativa entre disciplina, obedien­cia y libertad, educar en humanidad, los lí­mites de la neutralidad escolar, el papel de la familia en el maltrato a sus hijos, la res­ponsabilidad en los cuidados para evitar los contagios.

Estamos sorteando la tercera ola de CO­VID-19 en nuestro país y, en general, se tiene la percepción de que muchas personas han relajado las medidas e incluso hay quienes viven como si ya no existieran los contagios. Ese es el caso de muchas instituciones edu­cativas particulares que buscaron, a como dé lugar, regresar a clases presenciales en agos­to y el presidente les hizo caso por las pérdi­das económicas y desempleo de los docentes de las instituciones privadas. Como académi­co estoy consciente de la necesidad de ver a los alumnos cara a cara y la convivencia co­tidiana, pero no a cualquier costo.

Muchas instituciones educativas han compartido protocolos, normas y capacita­ciones, algunas tan absurdas como aprender a colocarse el traje tyvek que se emplea pa­ra zonas de atención COVID en los hospita­les, bueno al menos en los privados y el con­traste mexicano, la pobreza educativa que dice tener el gobierno para el mantenimien­to de las escuelas lo lleva al ridículo al no ser la educación gratuita, pero eso sí presumen los programas sociales para mantener a los ninis y que no sean delincuentes.

El mensaje que se transmite en las ma­ñaneras no es muy positivo, más cuando se alardea acerca de su nuevo libro A Medio Ca­mino cuando debería ser más importante la aceleración de la vacunación, aunque acla­ro, uno corre el mismo peligro cuando mu­cha población no acude a los centros de va­cunación pero sí van a los antros o fiestas sin sana distancia, en lugares con poca ven­tilación y sin cubrebocas en los medios de transporte.

A la mayoría de los educadores nos pu­sieron la vacuna CanSino que, si bien desde un inicio se sabía que sólo ofrece una protec­ción de no poco más del 65%, al paso de los meses pierde su efectividad, por lo que los es­pecialistas han recomendado un refuerzo o esperar la posibilidad de obtener otro bioló­gico. Situación que no ha sido considerada.

No es por sonar catastrofista, pero es una realidad latente ante la imparable ola de con­tagios que vivimos en México y el mundo. Es­tán más preocupados por pedir a los maes­tros cumplir con su código de ética formu­lado por la SEP que ellos mismos no lo cum­plen y la obligación de la confidencialidad de los casos de los maestros contagiados y los niños.

Hoy la principal fuente de contagios se da entre la población más joven, entre menores de edad, que justamente es la que se encon­trará en las aulas. La vacunación va avan­zando lentamente con una logística pésima propia para el sufrimiento de los ciudadanos con grandes aglomeraciones, pero la inocu­lación no será suficiente para prevenir posi­bles brotes entre los estudiantes y a quienes se les da la opción de seguir en esquema hí­brido; sin embargo, me pregunto ¿por qué a los profesores se les obliga con un doble dis­curso de solidaridad?

La presión por regresar a las clases es enorme, sé que todos los que estamos en ello nos hemos mantenido a la altura del com­promiso y del reto, tanto alumnos como pro­fesores, sacando lo mejor posible en la edu­cación a distancia, pero ¿por qué no esperar a que se reduzcan un poco los contagios, a que hagan mejor efecto las vacunas?

La COVID-19 llegó para quedarse, es cier­to que debemos aprender a vivir con ella, pe­ro hoy es una realidad que en muchas ins­tituciones educativas no pueden garantizar los espacios seguros para desarrollar las ac­tividades académicas por la pobreza y las de­fectuosas instalaciones en que se educa a la mexicana. Falta mucha cultura de preven­ción, desde cosas tan sencillas como lavarse las manos, procurar la sana distancia y ya me veo muy avaricioso de pedir que utilicen correctamente el cubrebocas.

Ojalá me equivoque y que el regreso a clases se dé en un ambiente seguro cum­pliendo todas las disposiciones básicas sa­nitarias y que sea un éxito para el bienestar de todos. La secretaria Delfina Gómez invi­ta a mantener una actitud crítica construc­tiva frente al proceso de regreso presencial a clases, evitando posturas sin fundamen­tos y de mala fe.

Desgraciadamente, Delfina sí que no tie­ne memoria en su decálogo, ahora novena­rio en el punto 7.- Queda prohibida toda ac­tividad cívica, festival y honores a la bande­ra, pues en la escuela a la que asistió para in­augurar el nuevo ciclo escolar sometieron a los alumnos en formación, sin sana distan­cia y para el colmo ni ella la guardo en el presidio, no es crítica, es reflexión de su ac­tuar y su decir que no son coherentes ante la realidad en la que vivimos todo para to­marse la foto y estar en la pantalla de la ma­ñanera sobre el éxito presidencial del regre­so a las escuelas.

De acuerdo con la actualización del se­máforo epidemiológico por parte de la Secre­taría de Salud federal, Puebla regresó al co­lor rojo el pasado 20 de agosto, lo que signi­fica que mágicamente en el retorno a clases será naranja, amarillo o verde, pues “sufri­mos de un daltonismo increíble”.

A pesar de ello, el gobernador Miguel Bar­bosa Huerta ha señalado en diferentes mo­mentos, que independientemente del color del semáforo, no cerrará negocios ni se de­tendrá la actividad económica.

El regreso a clases presenciales se mantie­ne para cumplir los postulados que estable­ce la falsa Nueva Escuela Mexicana donde no se ha brindado la calidad educativa ver­daderamente humana, ni se ha erradicado las acciones educativas nefastas de la CNTE en perjuicio de la niñez y juventud mexica­na menos a las y los niños y jóvenes de la ca­lle a complacencia presidencial.

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Etiquetas: covid19pandemiaPueblaregreso a clases

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