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La tercera fue la vencida

Felipe Flores por Felipe Flores
18 diciembre, 2021
en Soliloquio
La tercera fue la vencida
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Se dice, siempre en tono optimista, que la tercera es la vencida.

Espero que sea el caso, al menos para quienes ya tuvimos la oportu­nidad de recibir la tercera dosis contra la COVID-19, llamada de “refuerzo”.

Como es natural, se acude siempre a los centros de vacunación con emocio­nes encontradas. Hay expectativa, un po­co de nervio.

Pero en este caso hubo también incer­tidumbre, porque fuimos precisamente los mayores de 60 años con los que se inició el proceso de inoculación, hace nueve meses. Aquellos ingratos recuerdos permanecen.

Miles tuvimos el infortunio de haber si­do convocados el 31 de marzo en las ins­talaciones de Ciudad Universitaria de la BUAP, para la aplicación de lo que fue la primera dosis.

Escribí aquella vez (Crónica de una va­cuna anunciada, o del caos total) los deta­lles de aquella fatídica mañana, que había sido precedida de errores en los mensajes oficiales y por fallas en el sistema electró­nico para obtener los turnos de atención.

Transcribo a continuación la parte me­dular de mi relato publicado en esa fecha:

“El despertar del pasado lunes fue distin­to. Después de poco más de un año de riguro­so confinamiento, de un cansancio mental que parece llegar al límite, la proximidad del mo­mento para recibir la primera dosis de la vacu­na nos hizo ver la luz matinal con otro brillo. Parecía un día esperanzador…

Atrás quedaban las sinuosas jornadas de encierro, el alud de las cifras que avasallan, incluso las torpes confusiones e irreverencias de un López-Gatell que todos desean –algún día– sea juzgado. Al fin la vacuna está en Pue­bla capital para atender a los adultos mayo­res de 60 años.

O una parte, solamente, porque la convo­catoria expedida otra vez de manera irregular contempló sólo a un segmento de las colonias del sur. Para entonces, en Puebla ya habíamos pasado la experiencia del desorden absoluto en San Andrés Cholula, a un proceso poco más ordenado en la etapa subsecuente que abarcó nueve municipios colindantes.

Tras un fin de semana de optimismo, llega el día indicado. Es lunes 29, inicio de la jorna­da de vacunación. Un despertar distinto.

…Cientos (¿miles?) de personas en un pu­lular desconcertante.

Largas filas en todos los sentidos.

El altoparlante que repetía incesantemen­te los documentos que había acreditar era la única guía. Nadie para informar, orientar, encauzar.

Los rayos de sol pegaban con brutal inclemencia.

En la fila de la izquierda, gente formada con cita para las 13 horas; la de la derecha, en doble sentido, para las 14 horas. Otros con turnos pre­vios o posteriores, caminaban atropellándose.

Sus rostros son de desconcierto, van de un lado para otro.

Han pasado más de dos horas y seguimos en el mismo sitio.

Autos en doble fila, claxonazos, vendedores ambulantes y puestos de frutas, aguas de sa­bores, tortas. Todo un tianguis.

Los reclamos son unánimes.

‘¿Con quién podemos quejarnos?’, grita un joven de humilde apariencia que lleva a su ma­dre anciana casi en vilo.

‘¡Carajo, qué desmadre!’, dice otro al notar que las filas como serpentinas se entrecruzan, no llevan a ninguna parte.

Abunda la gente mayor, 70, 80, 90 años, no todos en condiciones de soportar la alta temperatura, la impaciente espera.

Muchos se sostienen en bastones, otros de plano van en silla de ruedas, pero no hay op­ción para ellos. El trato es inmerecido.

Siguen los tumultos. Todos se arremolinan.

‘Tanto tiempo cuidándome y ahora me voy a contagiar aquí’. Y es que, para colmo, no hay, un solo instante, la tan invocada sana distancia.

Nadie quiere perder su sitio, pero aun así abundan los gandallas.

El sol empieza a ceder, pero aun molesta.

Ya es vano saber cuánto tiempo ha transcu­rrido, cuando al fin la fila avanza, y en su cara­coleo, otra vez el desorden.

‘Caminen, caminen, caminen…’

La puerta 4 se ve más cerca, al fin unas va­llas y el acceso al estacionamiento de la Arena BUAP, previa dosis de gel y satinizante.

Una fila más, que equivale a otra hora. O más, pero a estas alturas ya no importa. Ahí si ya todo organizadito. Al transitar el interior del inmueble, mesas con gel, vasos de agua, sillas.

Los brigadistas Correcaminos, con sus uni­formes pulcros; algunos militares a distancia, como vigías. Personal de Protección Civil, ca­detes de la Policía Municipal.

¿Qué hacen todos adentro, mientras el caos está allá afuera? En esa reflexión, el turno pa­ra la vacuna. Una amable enfermera aplica de modo insensible el tan ansiado piquete.

Media hora de espera precautoria, entrega de papeles y la constancia de vacunación. Es todo, muchas gracias. Un día distinto. Y pese a todo, muy esperanzador”.

Hasta aquí la remembranza de aquella amarga experiencia, que afortunadamen­te no volvió a repetirse.

Después de ese penoso incidente, las jornadas de vacunación fueron corrigien­do errores, hubo mayor planeación, el de­legado en Puebla de Bienestar de ese en­tonces fue removido y –hay que decirlo– el gobierno estatal, a través de un muy efi­ciente secretario de Salud, se involucró ac­tivamente en la organización.

Ya en la aplicación de la segunda dosis, en mayo de este mismo año, se mostraron notables mejorías.

Hoy las jornadas son estupendamente bien ejecutadas. Se aprecia orden, estrate­gia, coordinación institucional y la misma voluntad de hacerlo bien, como fue el ca­so que pudimos atestiguar el pasado jue­ves al recibir la tercera dosis de “refuerzo”.

Lo visto en el Hospital del Niño Pobla­no este fin de semana fue ejemplar. Esta vez los adultos mayores fueron tratados con el orden, esmero, respeto y dignidad que se merecen.

Por supuesto, como desde la primera vez, vaya un inmenso agradecimiento al todo el personal médico y de apoyo que no se ha doblado tras la fatigosa y solidaria ta­rea que desempeñan.

La tercera, dicho con optimismo y con la esperanza de que pronto podamos ven­cer al maligno virus, fue la vencida.

Etiquetas: adultos mayoresPueblavacuna

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