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Rodrigo Corro, joya del tenis poblano

Antonio Zamora por Antonio Zamora
27 septiembre, 2020
en Deportes
Rodrigo Corro, joya del tenis poblano
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A sus 19 años, el po­blano Rodrigo Co­rro ya sabe lo que es ser Campeón Nacional y viajar al otro lado del mundo para en­trenar con aspirantes a Juegos Olímpicos, todo esto gracias al tenis, deporte que hasta antes de los 13 años prácticamente no conocía.

En su niñez estuvo rodeado de bates, guantes y un abuelo que le transmitió la pasión por el beisbol, pero un regalo de cum­pleaños le cambió la vida, le per­mitió conocer el deporte blanco y cambiar los hits por los aces y el diamante por las canchas duras o de arcilla.

 

DE EL HOYO AL BRITANIA

Cuando era niño nunca se ima­ginó en que en el futuro iba a tener una beca completa en la UPAEP por sus habilidades con la raqueta, de hecho, en su men­te sólo estaba el algún día llegar a ser beisbolista profesional.

El fanatismo de su abuelo por el Rey de los Deportes fue adqui­rido por Rodrigo, quien a partir de los ocho años ingresó a la Li­ga Infantil Zaragoza, uno de los circuitos formadores de pelote­ros más grandes del país y que tiene en el campo El Hoyo, uno de sus espacios más importan­tes en la capital poblana.

“Jugué beisbol en la Liga Za­ragoza en lo que se conoce como El Hoyo, lo jugué desde los ocho años porque era un deporte que le gustaba micho a mi abuelito y a mi también me apasionaba, me gustaba mucho, iba a los es­tadios a ver los partidos. Empe­cé como pícher, aunque después también fui shortstop”, dijo.

Gracias a que comenzó a mostrar habilidades con el guan­te, fue llamado a la Selección Po­blana para participar en Olim­piadas Nacionales e incluso su nivel lo llevó al representativo nacional, méritos que lo hicie­ron ilusionarse con poder hacer una carrera como profesional.

“Jugué tres Olimpiadas Nacio­nales por Puebla, en una de ellas me fui como seleccionado Nacio­nal para jugar un Campeonato Panamericano en Nicaragua, el béisbol me gustaba mucho, mi abuelito me ayudaba a entrenar, jugué en varios equipos y siento que si hubiera seguido en el ca­mino del béisbol hubiera llega­do a profesional, tengo amigos jugando en Liga Mexicana e in­cluso firmados en Grandes Ligas, entonces yo siento que pude ha­ber hecho un poquito más en el tema del beisbol”, recordó.

Sin embargo, para su cum­pleaños 13 sus padres le regala­ron una clase muestra de tenis y el encanto fue casi inmediato, porque encontró un juego en el que podía brillar, por lo que des­pués de la probadita buscó me­terse de lleno en el deporte y pi­dió que lo inscribieran en el Club Britania Zavaleta, una institu­ción deportiva con casi 40 años de existencia en la Angelópolis dedicada al tenis.

“A mi mamá no le gustaba mucho el beisbol, entonces co­mencé a jugar tenis cuando te­nía 13 años, todo por una cla­se que me regalaron en mi cum­pleaños y ahí empecé, me gustó porque es un deporte más indivi­dual y me interesó porque que­ría ser más el protagonista, en­tonces me hice socio del Brita­nia Zavaleta y como ahí todo es tenis lo comencé a jugar más se­guido, todo el tiempo me la pa­saba en las canchas, jugaba con­tra señores que me ganaban, pe­ro que me servía para seguir me­jorando”, señaló.

Pero el encandilamiento con la raqueta no inhibió su gusto con el beisbol, por lo que com­binó ambas actividades, en algo que lejos de abrumarlo le permi­tió potenciar sus habilidades co­mo pelotero.

“De los 13 a los 14 años com­biné el tenis con el beisbol y cu­riosamente empecé a tener me­jores resultados en los dos, por­que el tenis es más rápido, re­quiere mejores reflejos y eso me ayudó para el beisbol, inclu­so ese año mi equipo de beisbol quedó bicampeón. Iba a la pri­maria en la mañana y ya en la tarde entrenaba beisbol los lunes miércoles y viernes, y tenis mar­tes y jueves”, apuntó.

 

PRIMEROS TÍTULOS Y NÚMERO UNO DEL PAÍS

El ajetreo de ser tenista, beisbo­lista y estudiante lo aguantó por un año, pues al cumplir 14 años se decantó por la raqueta, enca­minado por sus éxitos en el tenis que le permitieron ser scouteado por Güido Lorandi, dueño de un Centro Tenístico a donde lo invi­tó para enseñarle los conceptos básicos y mejorar su estilo.

“Mi primer torneo como te­nista fue el Peques que organiza la Asociación de Tenis y llegué a la final en el Parque España, pe­ro la perdí, y tres meses después jugué el mismo torneo, pero en el Britania y lo gané. En uno de esos torneos me vio jugar Güido Lorandi, me dijo que tenía cuali­dades y me invitó a entrenar, es­tuve yendo en las tardes por uno o dos meses hasta que habló con mi mamá, le dijo que tenía cuali­dades y me becó en su academia, ahí me cambió todo Güido, des­de la empuñadura, la posición de los pies, prácticamente todo, en­tonces fue como empezar de ce­ro”, comentó.

De los 14 a los 16 años apren­dió lo fundamental del deporte y se forjó como el mejor tenis­ta de su categoría no solo del es­tado sino a nivel nacional, algo que le debe en gran medida a las enseñanzas de Lorandi, lo que le permitió ganarse una beca en la UPAEP para completar sus es­tudios de preparatoria y jugar ya representando a la universi­dad, situación que lo hizo cam­biar sus prioridades.

“Después de dos años de estar entrenando con Güido, me puse como el primer lugar nacional en mi categoría de menores de 16 años, también a nivel estatal sigo siendo el mejor rankeado. A mediados de 2017 fue cuando entré a UPAEP”, indicó.

Las dudas de un joven que es­taba por decidir su futuro aca­démico, lo hicieron dejar el tenis en segundo plano, un lapso que le sirvió para meditar qué licen­ciatura estudiar y en el que, pos­teriormente, sus propios amigos lo estimularon para volver a las canchas.

“Cuando entré a UPAEP a es­tudiar la preparatoria comencé a dejar de jugar, le empecé a meter más al estudio sobre todo por­que todavía no tenía bien defini­do qué carrera quería estudiar, tuve un lapso complicado tanto a nivel deportivo como el acadé­mico porque no sabía qué cami­no tomar en mi vida”.

“Al final me decidí por estu­diar Administración de Empre­sas y el tiempo que estuve ale­jado del tenis, el ver jugar a mis amigos en el Britania me regre­só las ganas de practicarlo, se me volvió a antojar estar en el am­biente, de ir a un torneo, del ner­vio previo, y ahí fue cuando co­mencé a retomar”, señaló.

El letargo de 2017 se convir­tió en motivación en 2018, año en el que se sometió a una prepa­ración tan intensa que le sirvió para convertirse en el Campeón Nacional de Primera Fuerza de la Comisión Nacional Deportiva Estudiantil de Instituciones Pri­vadas (Conadeip), un torneo di­rigido a los atletas-estudiantes de nivel universitario cuando él aún cursaba la preparatoria.

“En 2018 regresé de lleno al tenis, participé en el Campeo­nato Nacional de Primera Fuer­za y lo gané en San Luis Potosí, ese es el torneo más fuerte a ni­vel universitario en el país. Tam­bién jugué el Campeonato Esta­tal, que ese prácticamente siem­pre lo juego, y lo gané. Gracias a ese triunfo en San Luis volví a los torneos, comencé a salir un po­quito más para jugar torneos en el país y el extranjero”, recordó.

 

CAMPEÓN INVICTO, LUEGO HIROSHIMA Y ACAPULCO

El impulso de 2018 lo arrastró hasta 2019, con otro gran año en el cual se levantó con un do­ble título en los Campeonatos Nacionales de Verano, que or­ganiza la Federación Mexicana de Tenis, terminando ambos cer­támenes sin ninguna derrota.

“En 2019 tomé la gira de ve­rano de los tres nacionales que fueron en Querétaro, León y Guadalajara. Querétaro lo ga­né en singles y dobles, León en singles y dobles y Guadalajara lo perdí en la final de singles y gra­cias a eso me pude ir a Hiroshi­ma Japón a un campo de entre­namiento”, apuntó.

Su alto desempeño le abrió la puerta para integrar el equi­po mexicano que viajó ese mis­mo año a Hiroshima, Japón, a un campo de entrenamiento en el que practicaron y sirvieron de sparring a los tenistas japoneses que se estaban preparando pa­ra buscar un boleto a los Juegos Olímpicos que iban a tener lugar en este 2020 en Tokio.

“Fue una experiencia padre, porque nos quedamos dos se­manas y media, estuvimos con jugadores que aspiraban a ser olímpicos, obviamente que te aconsejan y te motivan, el tra­to que nos dieron desde que lle­gamos al aeropuerto de Tokio es­tuvo cañón, hacen que te sientas como jugador de Juegos Olímpi­cos, fue un ambiente de profesio­nal”, puntualizó.

Esa seguidilla de buenos mo­mentos, Rodrigo Corro lo com­pletó con un viaje al Abierto Mexicano de Tenis, en Acapulco, en donde también acudió como sparring de algunos de los parti­cipantes, para que estuvieran en las mejores condiciones durante sus juegos.

“Me fui al Abierto Mexicano de Tenis, estuve de sparring allá, entrené con todos los profesio­nales, estuve toda la semana con Heather Watson, que se coronó campeona, también con Leila Fernández que fue la que perdió la final, también me tocó entre­nar con John Isner que estuvo dentro de los primeros del mun­do en 2018 y con muchos tenis­tas más que me ayudo a mejorar mi nivel”, destacó.

 

EL CONFINAMIENTO LE AYUDÓ A MADURAR

Con lo logrado hasta el momen­to, 2020 le pintaba igual o me­jor, ya que además de defender sus títulos nacionales, tenía ca­lendarizada una gira por Estados Unidos, pero la pandemia de co­ronavirus llegó y por las suspen­siones a nivel global lo que tenía planeado hacer se redujo a en­trenamientos en casa y mucha incertidumbre.

“Este año me pintaba igual de bien que los anteriores, espe­raba jugar los nacionales, tor­neos semiprofesionales e ir a una gira en Estados Unidos en Pue­blo, Colorado, pero se presentó la pandemia y la verdad es que sí me afectó sobre todo en los pri­meros tres meses, porque trata­ba de entrenar en casa, pero tu­ve miedo la verdad, porque tú sa­lías a la calle y veías a gente sin cubrebocas y estaba espanta­do porque mi abuelo falleció en mayo, no supimos la causa, pero nos espantó como familia y pro­curamos estar en la casa el ma­yor tiempo posible”, dijo.

Empero, Rodrigo supo trans­formar esa adversidad en madu­rez y encontrar el lado positivo a la pausa a su actividad deporti­va, pasando cuatro meses sin ju­gar, aunque en su regreso disfru­tó el tenis como hace mucho no lo hacía.

“Me ayudó a madurar, no es que estuviera harto del tenis, pe­ro necesitaba un descanso, y la inactividad por la pandemia me ayudó muchísimo, estuve cuatro meses sin jugar, hasta que en la academia de Güido Lorandi hi­cieron un torneo interno, lo ju­gué y lo gané más por las ganas que tenía de volver a jugar, lo ju­gué emocionado”, comentó.

 

SIN APOYO ECONÓMICO ES DIFÍCIL SER PROFESIONAL

Aunque tiene los pergaminos y la calidad para aventurarse a una carrera profesional dentro del tenis, Rodrigo Corro prácti­camente ha descartado ese ca­mino, ya que en los años que lle­va relacionado con el ambien­te deportivo en el país se ha da­do cuenta que con el poco apo­yo gubernamental a los atletas es una tarea muy complicada de desarrollar.

“Desde un inicio mi idea era ser tenista profesional, desafor­tunadamente el apoyo en Méxi­co no es bueno, mucho menos para el tenis que es un deporte que no se escucha mucho, en­tonces esa meta que tenía ya es­tá descartada, ahorita estoy es­tudiando Administración de Em­presas y tengo mucho antojo de abrir una academia de tenis, en­focarme en una academia de al­to rendimiento para ayudar y enseñar con lo que sé a las futu­ras generaciones”.

Muy aficionado del Puebla, Rodrigo Corro quiere que los jó­venes poblanos luchen por sus sueños dentro del deporte, que a pesar de los obstáculos que pue­dan encontrar en sus caminos, persistan, que no decaigan y de­sarrollen una estrategia para po­der alcanzar sus objetivos.

“Yo quiero que los jóvenes persigan sus sueños, que si de verdad les apasiona su deporte no lo dejen, que luchen por sus metas y aunque no lo logren que se hagan de la idea de que hay que intentarlo. Yo soy de las per­sonas que trato de internarlo, aunque no me salga, y busco la manera de mover mis fichas co­mo si fuera ajedrez y saber que el deporte en México es complica­do, por lo miso que no hay mu­chos apoyos, pero con mucho es­fuerzo y dedicación se pueden abrir espacios”, afirmó.

Etiquetas: juegos olimpicosPueblaRodrigo Corrotenis

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