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Huachicoleo, fenómeno mundial

Crónica Puebla por Crónica Puebla
4 noviembre, 2021
en Opinión
Habrá reducción en suministro de agua por explosión en Xochimehuacán
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Por: Jorge Alberto Calles Santillana
Agenda Ciudadana 

Dos personas fallecidas, 17 heridas –siete de las cuales están graves–, alrededor de 260 casas con diferentes grados de afectación, más de 500 animales muertos y cerca de 2 mil personas removidas de sus hogares es el saldo que recientemente ha dejado la explosión de una toma clandestina de gas LP en San Pablo Xochimehuacán, al parecer provocada por la extracción que realizaba una pipa, en la madrugada del día 31.

La desgracia trajo a la memo­ria aquella explosión ocurrida en Tlahuelilpan, Hidalgo, en enero de 2019, en la que murieron más de 130 personas y que se convirtió en una noticia que recorrió el planeta. Por supuesto, el suceso de Xochime­huacan provocó que el huachicoleo recuperara visibilidad y fuera leña que encendiera el debate polarizado acerca de su combate y el poder al­canzado por el crimen organizado.

Excluido de la agenda mañane­ra, el huachicol es, sin duda, uno de los problemas más serios que en­frenta México porque merma signi­ficativamente los ingresos estata­les, extiende y fortalece las redes de corrupción del país, empodera ca­da vez más al crimen organizado y porque, además, se extiende cada día vez más y alcanza ya zonas ur­banas exponiendo a la población ci­vil a permanentes peligros.

Datos de Pemex confirman la re­levancia del fenómeno. De enero a abril de este año, la empresa regis­tró 3 mil 579 tomas clandestinas, lo que representó un crecimiento cercano al 10 por ciento respecto del número registrado en ese mis­mo período el año pasado. Según especialistas en la materia, uno de cada diez litros de combustible co­mercializado en México es robado. ¡Uno de cada diez!

Aún cuando es difícil conocer con la profundidad debida el pro­blema del huachicol debido a que no hay muchos estudios sobre él y a que las cifras conocidas son pro­porcionadas por la empresa paraes­tatal, se sabe, no obstante, que fue durante el sexenio de Peña Nieto cuando creció de manera exponen­cial, si bien su nacimiento se regis­tra en el sexenio de Vicente Fox.

En 2019 fueron halladas poco más de 13 mil tomas clandestinas y hoy el robo de combustible es una realidad cotidiana en 22 entidades del país. No obstante, son cinco los estados los que concentran cerca del 85 por ciento de esas tomas: Hi­dalgo, Puebla, México, Guanajua­to y Tlaxcala, en orden decreciente.

Un par de datos relevantes para Puebla: el primero, la tasa de cre­cimiento de tomas clandestinas en nuestro estado durante el último año superó a la de Hidalgo, el esta­do con el mayor número de tomas. Mientras que en Hidalgo el fenóme­no creció en 32 por ciento, en Pue­bla lo hizo en 42 por ciento; el se­gundo: Puebla concentra el 70 por ciento de todas las tomas clandesti­nas de gas LP del país. 18 munici­pios poblanos, liderados por Tepea­ca, San Martín Texmelucan, Acat­zingo y San Matías Tlalancaleca es­tán incluidos en las cien localidades con más tomas ilegales. Así pues, no es producto del azar que estas dos tragedias hayan ocurrido en Hi­dalgo y Puebla.

Aunque el nombre huachicol hace pensar en un fenómeno do­méstico, lo cierto es que el robo de combustible ocurre no solamente en México. Conocido internacio­nalmente como “petro-piratería” es, según un estudio de la Univer­sidad de Yale, una actividad mul­timillonaria cuyas ganancias fue­ron del orden de 133 mil millones de dólares, cifra equivalente al PIB de Kuwait de ese año.

Como sabemos, Kuwait es uno de los países productores de petró­leo más importantes del mundo. Argelia, Nigeria, Malasia Irak y Co­lombia son países en los que el fenó­meno tiene también una presencia importante.

Las pérdidas en todos estos paí­ses son también estratosféricas y la actividad ha cobrado un buen nú­mero de vidas civiles inocentes.

¿Qué tienen en común todos los países en los que el hurto de com­bustible es una práctica de larga vi­da y de difícil combate? Aun cuan­do no hay estudios que hayan ana­lizado el fenómeno de manera com­parativa, una rápida revisión de los casos permite identificar dos facto­res que bien podrían explicar buena parte de su ocurrencia.

En primer lugar, en todos estos países, a excepción de Colombia, la industria de hidrocarburos está controlada, mayoritariamente, por el estado y el petróleo es un símbo­lo de soberanía nacional; las suyas son economías petrolizadas. En se­gundo lugar, todos esos países, a ex­cepción de Malasia, registran altos índices de corrupción. En el índi­ce de Ausencia de Corrupción del World Justice Project, están clasifi­cados en los últimos 39 lugares de una tabla que incluye 139 países. México, este año aparece en el lu­gar 135.

El combate al hurto de combus­tible ha sido una pesadilla para to­dos estos países. Esto tal vez se de­ba a que han diseñado solucionar­lo con propuestas de tipo operati­vo, orientadas a evitar y castigar la actividad.

Así, por ejemplo, hay quienes en México han sugerido ofrecer con­tratos laborales de mantenimien­to a pobladores de las regiones por donde atraviesan los oleoductos. Esto, piensan, propiciaría un me­jor sistema de vigilancia y reduci­ría la avaricia.

La medida, aunque interesante, no deja de parecer inocente y limi­tada. Habría, tal vez, que pensar de manera más sistémica. Repensar, por ejemplo, las consecuencias del control estatal sobre sus recursos y sus legislaciones restrictivas, así como diseñar políticas que comba­tan de fondo y a largo plazo la cul­tura de la corrupción y sus múlti­ples prácticas.

Por lo pronto, el huachicol es una realidad en México. Cerrar los ductos y utilizar pipas no ha fun­cionado. Tragedias como las de Tlahuelilpan y Xochimehuacan continuarán sucediendo muy posi­ble y muy lamentablemente.

Etiquetas: explosion xochimehuacanPuebla

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